domingo, 30 de mayo de 2010

"CAÑONES DE BALUARTE PROCEDENTES DE LA PLAZA FUERTE DE TARRGONA EN CIUDAD RODRIGO"

Cañón de marina, baluarte o de defensa de a 24 libras
Cañón de marina, baluarte o de defensa de a 24 libras
Me siento profundamente orgulloso y sumamente agradecido a la Autoridad Portuaria de mi Ciudad, Tarragona, en la figura de su Presidente, D. Josep Anton Burgasé, por ceder dos de los cañones de baluarte que defendieron Tarragona frente a Napoleón para la Exposición del Bicentenario del primer sitio de Ciudad Rodrigo "La Ciudad frente a Napoleón" de la cual soy Asesor Militar.
Ante la imposibilidad de conseguir los cañones que defendieron a mi otra Ciudad, Miróbriga, y como resultado de un exaustivo estudio de la artillería de defensa o de baluarte que me aportó el dato de que todos los cañones procedían de la misma fabrica, opté por pedirlos a la Autoiridad Portuaria de Tarragona. El "SI" fué inmediato, acto seguido se procedió por parte del Consistorio de Ciudad Rodrigo a hacer la petición en tiempo y forma como se debe de hacer.
Todos los cañones que defendían las Plazas Fuertes españolas, así como todos los cañones que equipaban a nuestra Flota de Guerra, eran fabricados en la RRFF de la Cabada, en el Municipio de Liérganes en Cantábria, de la cual salían un total aproximado de unos mil cañones anuales. Eran fundidos en hierro y sus calibres iban de a 4 libras hasta 48.
La Real Fabrica de la Cavada fué construida durante el reinado de Carlos III y era de propiedad real.
Su cadencia de disparo, con una dotación bien adiestrada, era de 15/20 disparos a la hora. Cabe destacar que el mejor material para confeccionar un cañón, es el bronce, pero ante la carestía de éste material, los cañones de marina, de baluarte o de defensa, eran fun didos en hierro, dejándo el bronce para la fabricación de cañones ligeros utilizados para el sitio.
Los cañones de Tarragona, fueron cedidos al Puerto de mi Ciudad, al quedar obsoletos ante la llegada de nuevos sistemas, para ser utilizados como "bolardos", para el amarre de buques. De ahí su deplorable estado de conservación.
Años después, se desenterraron y volvieron a su lugar de origen, a los baluartes que quedaban en nuestras murallas, como decoración.
Las cureñas, fueron fabricadas según modelo original facilitado por el Museo del Ejército.